Reflexión Académica: relación docente-alumno

Verónica Amanda Simonini
En cuanto a la relación con los estudiantes, el nuevo rol de facilitador de los aprendizajes conlleva a un trato horizontal que inspire mutua confianza, capacidad para identificar problemas inter,e intrapersonales, que propicie un clima de afecto, solidaridad y comprensión, pero sobre todo el desarrollo de capacidades para trabajar en equipo, brindando siempre predisposición para atender las individualidades, asi como el fortalecimiento de la AMISTAD, como principio básico de convivencia fraterna y vida en comunidad, que es una de las principales debilidades de la sociedad actual.
En cuanto a la relación con los estudiantes, el nuevo rol de facilitador de los aprendizajes conlleva a un trato horizontal que inspire mutua confianza, capacidad para identificar problemas inter,e intrapersonales, que propicie un clima de afecto, solidaridad y comprensión, pero sobre todo el desarrollo de capacidades para trabajar en equipo, brindando siempre predisposición para atender las individualidades, asi como el fortalecimiento de la AMISTAD, como principio básico de convivencia fraterna y vida en comunidad, que es una de las principales debilidades de la sociedad actual.
¡ Los aprendizajes tienen que ser un disfrute con mucha comunicación ¡
Además de todo lo mencionado en cuanto a nuestras sociedades hoy en día en cuanto a las nuevas relaciones, nuevas formas y sistemas de información y comunicación no podemos perder de vista la importancia esencial de la educación; una educación concebida como un proceso que tiene productos una educación desde la vida y para la vida, una educación que abarque el “saber”, el “ser” y el “hacer”. Y, así lograr una máxima actualización de todo el potencial humano, espiritual, intelectual, afectivo, artístico, creativo, social, físico, de la persona, en este caso del educando.
No se trata de que el ser humano pueda llenar su mente con información, con datos, con estadísticas, con nuevas teorías, con los más actuales enfoques de la educación, con la mayor cantidad de conocimiento, con las más actuales formas de comunicación sino que pueda alcanzar una asimilación de lo que día a día va aprendiendo, adquiriendo y apropiándose de ello para en un futuro inmediato pueda utilizar y poner en práctica lo aprendido, poner al servicio de quienes lo requieren en un determinado momento y en una determinada situación.
Entonces, la educación tiene la misión indiscutible –y en esta intención se incluye nuestra misión y nuestras formas de relacionamiento como educadores– de participar en la formación y construcción del hombre nuevo, de una sociedad nueva, del desarrollo de un hombre integral sin pretender imponer criterios o modelos. Los procesos de transformación implican todas aquellas opciones del propio hombre que lo vinculan a una cultura determinada, con todo un bagaje económico, político, ideológico, filosófico que son propios de la libertad de cada individuo, la tarea nuestra es comprender, rescatar, valorar pero también potencializar lo bueno de esos procesos que caracterizan a cada individuo.
Ahora bien, ¿quiénes están llamados a impulsar estos procesos?, pues definitivamente tanto los educadores y educandos en una relación continua, horizontal, condicionados mutuamente son quienes serán los protagonistas de este proceso de desarrollo integral del ser humano.


